LA ROJITA
Hace una semana que llueve sin parar. Lo normal, es julio. Cuando solo cae una llovizna imperceptible salimos a buscar comida, a caminar sin tapabocas, a recoger hongos de los montes vecinos. Voy al garaje a buscar las botas de goma y te encuentro en un rincón. Así te dejé en febrero, casi sin combustible y cubierta por una lona amarilla. Pasamos todo el verano juntas, de acá para allá, alborotando la tierra de los caminos de la sierra y esquivando caminantes en la ruta hacia la ensenada. La pandemia era una cosa lejana, yo tenía trabajo y no tenía que vivir de nuevo con mi familia. Levanto la lona para darte un vistazo, y de paso aspiro fuerte ese olor a nafta quemada, a aceite, a libertad. Quizás tenga que dejarte ir. Pero por ahora haré todo lo posible para que te quedes acá, protegida, hasta el próximo verano.

Comentarios
Publicar un comentario